La Música de Sergio

lunes, 20 de junio de 2011

El periódico de hoy y el papel higiénico *




Si tu haz leido hoy la prensa escrita( y espero que no el periodico el Día ) en papel debes saber que esto repercutirá positivamente en su higiene íntima.


Si por el contrario la haz leido en una pantalla de ordenador, prepárate para conocer un efecto mariposa que inesperadamente puede atacarle por la retaguardia.


Hace unos meses se dio a conocer un informe que explicaba cómo la crisis de la prensa de papel repercute en el mercado del papel higiénico. Y lo que es más importante, en la calidad de éste.


Al parecer, el aumento de las comunicaciones electrónicas trae como resultado que se tiren menos periódicos tradicionales (como los que haz leido tu hoy y repito que ojala que no sea el periodico “El Día”) .


El papel reciclado es la materia prima del sector del papel WC. Y esa misma condición de usado es la que confiere al rollo higiénico su característica y, por qué no decirlo, deseada suavidad. En conclusión, el papel de váter creado a partir de papel de primer uso resulta más puro, y por lo tanto, menos flexible y blando, más áspero.


Por supuesto, para conseguir el mismo nivel de suavidad a partir de papel no reutilizado, la industria se enfrenta a un problema de tipo medioambiental. El empleo para este menester de la materia prima original implica, de entrada, talar más árboles.


Y dotarlo de la deseada morbidez obliga a tratarlo con compuestos químicos, dañando de nuevo así el equilibrio ecológico del planeta. La industria papelera se centra ahora en investigar soluciones “limpias” al problema, tales como modificar las fibras del papel con enzimas.


Cuando se habla de la deriva de la comunicación hacia lo digital siempre se señalan algunas contraindicaciones para los usuarios. Los problemas de columna derivados de la mala postura al sentarse ante los ordenadores, la vista cansada por la luminiscencia de las pantallas. Pero nadie alude a este efecto secundario oculto.


De alguna manera, leer más prensa de papel no sólo le hará más sabio sino que le puede dibujar al menos una sonrisa en la cara al día.


Dependiendo de su regularidad, y con la edición del periodico “ El Día " de hoy Domingo y ayer Sábado,por no decir más días, se podrían limpiar bien sus partes más de uno.


Feliz semana a todo/as *


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miércoles, 15 de junio de 2011

El Muro de facebook y las Tizas *




Y si te vuelve a ver pintar un corazón de tiza en la pared.. que cantaban los radio futura...


Te Acuerdas cuando tu nombre por no se sabe que razón, aparecía en una pared dentro de un corazón junto al nombre de otra persona ?


Y es que los niños de los setenta veíamos escrito nuestro amor por las paredes y las calles de allí donde vivíamos. Generalmente lo escribían los amigos o las amigas, cuando robaban cuatro tizas desgastadas en el colegio donde estábamos, en mi casa como ya les he dicho más de una vez , el del Sector Norte De Santa Cruz De La Palma.


Dibujaban un corazón y dentro colocaban tu nombre con la novia que ellos creían que te convenía en ese momento.


Nos cuidábamos mucho de desvelar nuestros enamoramientos. Desde que nombrabas a la deseada ya estaba en boca de todo el mundo y lo más probable es que en un par de días estuviera escrito por todas las calles.


A veces éramos nosotros mismos, bien escondidos de los demás y cambiando la letra, los que escribíamos los nombres que nos interesaban.


Era una forma curiosa de declararte o de dejar caer una noticia a ver qué tal la acogía la susodicha.


De todas aquellas parejas que fueron escribiendo sus comienzos con tizas blancas no creo que se concretara casi ninguna, por lo menos conmigo no.


Echando la vista atrás creo que sólo una se mantiene tal y como la trazábamos entonces. Las demás no solían durar más de dos o tres semanas, y generalmente se quedaban sólo en un rumor, en un cruce de cómplices miradas o en un par de paseos nerviosos por los alrededores de la plaza de la Alameda, un pipí y pa´ casa.


A veces se podía llegar a la confidencia, pero poco más. No se escribieron nuestros primeros besos en esos amores que se trazaban con tiza.


Fueron tan efímeros como el propio material que se utilizaba para los escritos. Se borraban con un par de gotas de lluvia o con los baldes de agua que tiraban a la calle una vez terminaban de limpiar las casas.


Uno no recuerda hoy ni siquiera los nombres. Sí mantenemos algunas caras, tal vez un par de gestos, o el recuerdo de los recaditos en papeles anónimos. Hoy no sabría reconocerlas si me las tropezara por la calle, bueno si...


La tiza tenía ese encanto del amor, pero también servía para el insulto o la burla cuando trazaban cualquier barbaridad por las calles.


Lo rayábamos todo, pero nuestros grafitis eran inocuos y no perduraban ni dañaban las piedras históricas de la maravillosa ciudad que también se conserva aún.


No tenía nada que ver ese uso de las tizas con el que les dábamos en el colegio cuando nos mandaban a la pizarra a resolver cualquiera de aquellos problemas matemáticos que tanto nos descorazonaban.


La pizarra era una especie de escenario del que nos viene a la mayoría el miedo escénico. Resultaba terrorífico estar delante de toda la clase con una tiza en la mano y sin saber cómo diablos se resolvían aquellos condenados polinomios de las narices. Uno lo único que deseaba en esos momentos era que se lo tragara la tierra.


Luego estaban las tizas que equivalían a armas arrojadizas y que volaban de un lado para otro cuando no estaba el maestro/a, o si éste era despistado o estaba todo el santo día pensando en las musa de arañas.


Un machangazo de tiza lanzado con fuerza y puntería te podía dejar la cara como los palillos que ponían para que disparáramos con las escopetas de balines en las casetas de las fiestas. Abrir un paquete nuevo de tizas era como descubrir una mina. Te sentías medio explorador teniendo entre los dedos todos aquellos tesoros sin desgastar.


Hablo de las tizas blancas de aristas marcadas. Las de colores, en cambio, eran menos atractivas, y encima te dejaban la ropa toda manchada a poco que te despistaras.


Las blancas se quitaban con una buena sacudida en la ropa o metiendo las manos debajo del chorro unos segundos.


Pero ya digo que esos trozos de tizas que iban quedando en la parte baja de la pizarra, o del encerado, que es como llamaban a la pizarra la profesora más cursi,que no voy a poner el nombre aquí de ella, que a saber si lee esto o no... eran las que servían luego para escribir la actualidad amorosa de nuestros alrededores por todas las calles, donde vivíamos.


Pocas veces se escribían con tinta los nombres y las cuitas que queríamos hacer saber a todo el mundo.


De alguna forma teníamos claro que la tiza era efímera, tan efímera y tan pasajera como la propia esencia de los amores que contaba.


Un mes de enamoramiento entonces podía equivaler a un par de años de ahora.


La tiza era como una especie de ceniza blanca que iba desapareciendo tan rauda como nuestras proteicas pasiones. No quedaba nada de ambas. Los escritos se borraban como los propios amores improvisados.


Ni siquiera recordamos los nombres con los que un día compartimos corazones blancos en las aceras o en los muros de las casas, incluso hasta alguna que otra carretera...


Creo que aprovechamos poco y mal los muros nuestros de facebook y tenemos que aprovecharlos mejor , es algo mágico lo que podemos hacer con él y que todo el mundo se entere, no como antes con las tiza, que no enterábamos unos pocos, cuando pasábamos por ese muro, que no tiene nada que ver con este.


Buenas noche de casi Luna llena con eclipse en 22 horas más o menos, bichitos*


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lunes, 13 de junio de 2011

Milhojas,macetas,petisús... *




Cuando nosotros eramos niños y niñas, venían los dulces a nosotros, Se acuerdan ?.


Era los viernes a mediodía, cuando llegábamos del colegio después de la clase de gimnasia- hasta que el deporte empezó a tomarse en serio en la enseñanza siempre recuerdo la clase de gimnasia los viernes después del recreo, y además hablo de una Educación Física que consistía en un balón y treinta chiquillos corriendo detrás de él por una cancha pedregosa y bacheada-, escuchábamos de lejos la letanía de los dulces variados.


Se iba acercando a nosotros como nosotros nos íbamos acercando a él con nuestros deseos por hincarle el diente a aquellas milhojas que colmaban nuestra glotonería o a las benditas palmeras de azúcar que volvían dulces las tardes de la infancia.


No creo que fuera siempre el mismo, pero siempre llegaba puntual los viernes sobre la una de la tarde anunciando los diferentes dulces que vendía por la plaza de la Alameda y luego subía la cuesta de la encarnación de Santa Cruz De La palma que era donde vivía yo... Pero estoy seguro que en cualquier lugar de Canarias existia esto que les escribo esta noche .


Había que bajar con el plato más grande que hubiera en la casa y ponerse en la cola para poder acercarnos a aquel pequeño paraíso ambulante. ¡Cómo olían de bien aquellos furgones! Cierro los ojos y recuerdo aquel olor como uno de los más intensos y sugerentes de mi infancia.


La espera se hacía eterna, pendientes de que no se acabaran los petisús o las ensaimadas.


Uno lo único que soñaba cuando le llegaba el turno es que el plato fuera todavía más grande de lo que ya era.


Intentábamos que cupieran todos los dulces, y no recuerdo si el del furgón nos cobraba por unidades o por capacidad.


Supongo que sería por unidades, pero aún así nunca teníamos bastante. Comíamos con los ojos, o más que con los ojos con el olfato.


Los viernes a mediodía siempre olían a dulces variados, lo mismo que la salida del colegio por la tarde cuando sabías que ya no había clases hasta el lunes y que en casa te esperaba un festín de azúcares y cremas pasteleras.


Generalmente los sábados se mezclaban los dulces variados de los viernes y las truchas de mamá de los sábados o las Torrigas.


Ya los domingos por la mañana, e incluso algunos sábados, nos venían vendiendo panes de huevo o brazos de gitano, también de puerta en puerta, tentando con aquellos maravillosos olores nuestra glotonería y nuestro amor por los dulces.


Y entretanto podías acercarte a comprar una bolsa de mantecados del furgón que venia de Tazacorte con los helados de leche y de tutti fruti... qué mágica nos ha parecido siempre la expresión tutti fruti, es como si viajáramos al pronunciarla, o como si uno se hubiera criado en el Trastévere romano, o en medio de una calle de lujo de Milán: tutti fruti, tutti fruti, no era nuestro preferido porque no nos gustaban los tropezones de fruta confitada, pero lo pedíamos siempre porque haciéndolo parecía que viajábamos o que éramos hombres y mujeres de mundo.


No parábamos de comer dulces a todas horas. Supongo que nos salvamos del colesterol por estar todo el santo día corriendo y jugando por la plaza, el barranco...


Huelga decir que durante ese tiempo no renuncié a los dulces, con lo cual es fácil imaginar las consecuencias. Y es que a todos los dulces ya referidos habría que sumar los de los domingos por la tarde que íbamos al cine Parque De Recreo del tio de Carmen, donde la pelicula costaba 25 pesetas y el paquete d cotufas con refresco 20 pesetas.


Curiosamente al paso de tantos años uno no recuerda los sabores, o por lo menos no con la nitidez con que sí somos capaces de recordar el olor del furgón de los dulces variados cuando abría la puerta y nosotros habíamos sido los más rápidos, y por tanto los primeros en poder elegir entre todo el surtido que teníamos delante de los ojos.


Y lo mismo que venían los dulces a nosotros venía la ropa, con el furgón de Gonzalo el perrero, tocando la bocina todas las tardes para que bajáramos a buscar el pantalón vaquero o el chubasquero con gorra como el que salía en la teleserie de moda.


Entonces no había ni centros comerciales ni hipermercados, y aunque resulte increíble tampoco supermercados.


Había tiendas, y muchos de los complementos como el pescado, los dulces o la leche nos venían a buscar a nosotros.


La vida estaba a las puertas de casa, y el comercio, y todos aquellos personajes curiosos y populares que ahora es como si se los hubiera tragado la tierra. Bastaba escuchar el altavoz o un par de bocinazos pactados previamente para que nos echáramos a la calle.


Igual todavía siguen yendo por los pueblos, pero supongo que las normas sanitarias y la educación recibida nos han hecho mucho más tiquismiquis y aprensivos.


Hoy en día ya casi no hay ni moscas rondando entre los alimentos, y tampoco es que vaya uno a reivindicar las moscas a estas alturas, pero como machadianas que son sabían ir a lo bueno y revolotear entre aquellos dulces de recuerdos tan idealizados.


Igual ya no hay moscas no porque se estén aplicando mejor las normas sanitarias sino porque ya ni las sardinas, ni los petisús, ni la leche saben y huelen como antes.


A mi sólo me basta cerrar los ojos y recordar aquellos olores para acercarme sobre la marcha al paraíso. Por eso a veces reconozco que es una ventaja contar con los recuerdos: lo guardan todo, lo mismo un olor que una mirada o un paisaje.


Gracias a ellos no nos morimos del todo con el tiempo que va pasando presuroso con nosotros.


Me voy a descansar a la espera de una gran nueva semana y con el olor a los Dulces de aquellos viernes al mediodia de cuando eramos pequeños.


Buenas noches Bichitos y feliz semana *


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jueves, 9 de junio de 2011

23:59:59 ... *



Los últimos minutos del Miércoles día 9 de Junio, la última historia, por contar y escribir ahora; hay tantas últimas veces para tantas cosas, que no deberían tenerlas, que creo que es por eso que nunca nos acostumbraremos a decir adiós, con la misma sinceridad con la que sentimos el dolor que este nos causa; o quizás, siendo un poco menos pretencioso, deba decir que es solo porque este adiós no fue de la forma en la que debió.


Lo se, me ha pasado tantas veces, pero ¿Cómo saber si es un adiós correcto? Es decir, por las razones correctas, y en el mejor momento, si al final, es siempre más inmenso que las razones, un adiós es tantas cosas de nosotros mismos; quizás sea la mayor muestra de coraje o la mayor cobardía.

Pero hay, también, cosas que no podré olvidar nunca, por mas adioses que cuente, porque aunque me cueste creerlo, se han quedado prendidos de mi forma de sentir, y de aquella esencia absoluta, de la que me nacen ciertas ansias, de simplemente quedarme a oscuras, viendo aquellas cosas que no puedo cambiar. Y me refiero solo de momentos, de instantes. Lo siento, miento, también son sus historias, su temperatura, su brillo, y la forma de mi silencio en el momento más inoportuno de mi respiración.

Estas últimas horas estuvieron tan rodeados de últimas veces, que ahora que escribo esto, hay tantas cosas que ya he olvidado a pura fuerza de crearme a mi mismo ocasiones precisas para hacerlo; aunque muy en el fondo sepa que siempre fueron de una forma equivocada, tal vez; o al menos lo eran para mí.


Hoy ha terminado tantas cosas a la vez, y a pesar de todo, me doy cuenta que es mejor terminar rápido con esto; porque es cierto, no hay espacio para dudar, no hay espacio para detener nada; y sinceramente, tampoco tengo los deseos para hacerlo.

Me he confundido tanto, en estas horas, es cierto y también me han dejado muchos sinsabores; pero al final, es cierto, supe que los caminos se van forjando de adioses, y de últimos instantes, donde no importa lo que se diga, porque ya todo esta fuera de lugar, y entonces creo que la mejor forma de guardar la dignidad, es con un silencio bien entrenado, que al final nunca dejara de ser sincero.

No importa si las horas no regresan, siempre encontraremos que decir cuando nos pregunten por nuestras despedidas, y por aquellas personas que decidieron salir de nuestras vidas; quizás de la forma mas absurda, o tal vez con una sutil sonrisa de distancia, pero dejando siempre lo mismo; un grito, un llanto, o un corazón cada vez mas yerto.

Es cierto, siempre termina doliendo, pero también es cierto que todo termina siendo invisible. Insípido, siempre termina cada noche al llegar las 23:59:59 …

Adiós Miércoles...

Ya esta aquí el Jueves, pero falta descansar para vivirlo bien despierto, hasta que llegue las 23:59:59...

Feliz San Jueves Bichitos *

martes, 7 de junio de 2011

Nuestros barcos de papel *



Posiblemente la vida no sea más que una corta navegación a bordo de delicados barcos de papel que siempre acaban zozobrando en aguas turbulentas. Nosotros podemos ser esos barcos incontrolados y sin consistencia que van de un lado pare otro movidos por la corriente o las fuerzas de las aguas.


Generalmente nos dejamos llevar y confiamos en la suerte. Mientras estemos vivos somos afortunados, navegamos, aunque cada vez nos cueste más mantenernos a flote.


Aquellos barcos de papel que construíamos en la infancia nos enseñaron mucho de la fugacidad de la vida.


Pasaba lo mismo con los castillos de arena que levantábamos cuando nuestra familia nos llevaba a la playa y hacíamos con nuestros primos y hermana/os:


Siempre llegaba el agua arrasando con todo, llevándoselo todo y despreciando nuestras horas trabajo, ilusión y sacrificio.


Pero los barcos de papel cuadriculados eran mágicos mientras navegaban airosos sobre el agua los riegos de las fincas.


Yo me acuerdo en Mazo (La palma) que era el refugio de mis hermanas y Mio de los fines de semana en la casa de campo de las rosas.


Nos adentrábamos en las fincas y los barrancos, siempre se escuchaba de fondo el sonido del agua por los riegos y las acequias.


Incluso uno recuerda aquellos inviernos donde los amigos de la infancia como Rafa,Esteban,Dani,Anibal, Jose Antonio... y quien escribe esto, salíamos corriendo a ver como bajaba el agua por el barranco de las Nieves, y ver aquellos primeros momentos de cómo corrían los animales que se encontraban en el barranco delante de la trompa de agua que les venia detrás.


Luego con esa agua que bajaba se nos iba también otro trabajo en comunidad de todos, que era el campo de fútbol que hacíamos en el barranco, que cuando llegaba el invierno y las lluvias, el agua se lo llevaba todo por delante, y de nuevo a esperar el buen tiempo para volver a construirlo y jugar de nuevo unos buenos meses.


Pero yo les estaba hablando del riego que pasaba en la casa de campo en las rosas, de Mazo, en aquel riego que yo echaba a navegar mis barquitos de papel.


Me costaba mucho deshacerme de ellos, sabía que desaparecían en unos segundos.


A veces había suerte y salvando los obstáculos y los distintos saltos de agua aguantaban algunos minutos. Era una maravilla, algo casi inerrable comprobar como un pequeño barco resistía el embaste de la corriente y se mantenía airoso en el agua.


Parecía que te sonreía cómplice y ufano, auque para verlo tenias que correr, saltando piedras, hierbajos...


Alguna vez lo vi perderse a lo lejos, y entonces me imagine que llegaba al mar y que luego surcaba océanos lejanos y recorrían de punta a punta el planeta.


Pobre iluso, aun no sabia que los riegos de la vida real no se comunican, o que esto esta montado sobre secuencias que casi nunca tienen que ver nada entre si, pero entonces sabíamos poco del mundo porque vivíamos más en el mundo.


Yo me entiendo y se lo que me digo.


Supongo que los que sobrevivieron como hemos sobrevivido nosotros estarán por esos mundos dando guerra y viviendo emocionantes aventuras.


No creo que se hayan vuelto también unos nostálgicos coñazos y tendentes a la melancolía.


Aquellos papeles que arrancábamos de las libretas del colegio para construirlos seguro que también andan por el mundo escribiendo lo que de alguna manera fuimos o quisimos llegar a ser.


Que los vientos respeten siempre sus delicadas velas de celulosa y de sueños.


Buenas noches Bichitos , feliz descanso *


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El Destiempo de algún sueño *





He dejado tantos sueños para más tarde.


Tentaciones macabras y divinas que tomaron forma en mí alguno de esos días que no recuerdo, pero que han podido arrastrarse lenta y silenciosamente hasta esta tarde, en la que un libro cualquiera me han hecho acordarme de ellas, y su tiempo, su tardanza... su caducidad.


Supongo que sigo yendo hacia algún lugar, y no quiero preguntarme si mis deseos guardarán silencio, creo que tengo miedo de perder.


¿Qué sucede si el tiempo pasa y los sueños siguen estáticos, y tú ya no eres el mismo?


Hoy me pregunto por mi sin nostalgia, pero si con una duda de plata entre los ojos.


Al final, caminar por esta ciudad siempre se me hizo extraño, no digo que me quiera ir sino solo que quiero un pequeño lugar donde quedarme.


Y también, por qué no decirlo, una noche para, simplemente, dormir sin tener miedo de despertar en medio de una noche y descubrir, entre la desilusión y la desolación, que ya no soy el mismo, que siento soledad entre los huesos, no de los demás, sino de mismo.


Soledad sin recuerdos de lo que soñé, o de adonde pude ir, espacios en la memoria de lo que no se ha vivido tal vez esta noche no importe, pero se que algún día, mientras camine en medio de una lluvia parecida a esta que va cayendo, no tendré a donde volver...


"Hay un hombre extraño frente al espejo esta noche, pintado de azul, con anillos en la piel y en los ojos. Hay un hombre solo, parado, y azul, contando su propio tiempo, recordando un paso a la vez, y sin forma de volver en esta noche en la que lo observo de lejos, tengo miedo del silencio entre los dos..."


Tengo miedo de despertar con deseos de escribir algo parecido, desbordado de pequeños recuerdos y de grandes nostalgias.


¿ Los sueños también saben morir ?


No me lo quiero preguntar aún, pero la piel de mis manos saben que si, hay tantos sueños a destiempo, tantas formas de olvidar unos grandes ojos y unas pequeñas manos. Y al final es solo esta ciudad y esta noche la que me pregunta que sigue, y entonces es cuando descubro grandes silencios dentro de mí.


No he planeado nada, es solo una canción que suena en la eternidad de su esencia, y soy solo yo, y mis preguntas de ayer.


Probablemente no lleguemos a ningún lugar, pero esta noche la lluvia sigue cayendo en la misma vieja esquina de esta ciudad, el piano sigue sonando tibio en una esquina de esta sala donde yo sigo escribiendo, y no quiero pensar en nada más, y se hace tarde y soy feliz.


Tal vez eso baste por hoy...Lo sueños son recuerdos de momentos que vendrán...


Hoy no quiero más momentos, hoy quiero las pequeñas cosas de hoy y las grandes cosas del mañana.


Feliz Noche bichitos, de martes ya *


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lunes, 6 de junio de 2011

Un día como el de hoy...*




Hoy me levanté sin querer, y es curioso cómo, muy en el fondo cuando eso pasa, sea porque quizás el día no esté hecho para que uno se levante.


Creo que es porque aquel día nos toca aprender algo que en realidad no queremos, o aún no debemos.


Hoy mi día estuvo todo garabateado, paso mucho, paso tanto que creo que aprendí poco.


Hablé también tanto, que cuando debí hablar en realidad no tenía ya nada preciso que decir.


La vida es una serie de sucesos tan precisos... No, no es cierto, eso más parece consuelo y excusa...


La vida en su esencia sólo son preguntas.


Y los días en ella son respuestas incompletas, pero supongo que son las únicas respuestas que somos capaces de comprender.


Aunque a la larga sean las consecuencias de nuestros aciertos, y los arrepentimientos subliminados de aquellos errores tan cruelmente propios, que el único consuelo es la confusión, de preguntarse muy dentro de uno ¿Qué hice mal? Aunque la respuesta esté clavada mucho más en el fondo todavía, y sea mucho más clara y real.


Al final de un día todo comienza a tener sentido, quizás demasiado.


Pero es al final de un día donde vez la razón de lo vivido, al final de un día todo comienza a tener sentido, quizás demasiado.


Pero es al final de un día donde vez la razón de lo vivido y la recompensa de un descanso para vivir otro día mejor.


Buenas noches bichitos, que sea esta tu semana *


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