La Música de Sergio

jueves, 5 de agosto de 2010

Su Corazón es Así *







La verdad que no lo sé, es de día o es de noche...

Mientras tanto,pasa una pareja sonriente y veo que contemplan lo vacío que esta el restaurante .

espere un par de horas y sigo sin verte, y muy dentro de mi corazón siento un poco de tristeza.

Bah! Imagino que algún contratiempo ha llegado a tus manos y ha sido irresistible dejarlo como casí siempre.

Quizás eso haría en tu lugar, pero sin embargo, al saber que fuese tu quien me esperara, dispondría de esa carga extra para otro día mas.

Pero heme aquí... observando la belleza de este mar delante de la Cofradía de la Punta de Hidalgo, que me invita a reflexionar las distintas formas de vida que existen en un mundo tras el Oceano , allá a lo lejos.

Por ejemplo, mira aquel cardumen de peces que acaban de cruzar al lado de los barcos, demostrándonos con sus brillantes colores que pueden viajar por todos los continentes, en busca de nuevas aventuras... sentir la libertad en cada corriente que se desliza por debajo de sus aletas.

O que me dices de ese par de mantas voladoras tan singulares con su forma anatómica y que siguen sin inmutarse ante mi persuasiva mirada.

Bueno, creo que ya es tiempo de pedir la cuenta... encaminarme hacia el centro de la ciudad, que es donde vivo, donde la naturaleza no logra ganarle a los estruendosos ruidos que generan los humanos y pensar un poco en como aprender a estar más sereno y tranquilo.

Las cosas se dan, cuando deben de llegar, pero al darme la vuelta... he visto que un lindo cuerpo se desliza con prisa entre los camareros y con sus ojos me mira fijamente, para decirme...

Lo siento ... mi corazón y yo, somos así *

martes, 3 de agosto de 2010

Me apetece *



Esta noche me apetece soñar un poco.

Esta noche me apetece bailar bajo la lluvia y que el pelo mojado se peguen a mi rostro. Me apetece silbar y cantar la entusiasta melodía de Michael Bublé "Haven't Met You Yet"...

Esta noche me apetece un baño de chocolate con gel de nata y champú de miel. Me apetece una macedonia de sueños e ilusiones, rociada con jugo de frutas.

Esta noche me apetece pintar un sol en tu tristeza y una luna en tu alegría. Me apetece salir a la calle y ser rodeado por el viento.

Esta noche me apetece alzar los pies de tierra y posarlos en tus nubes. Me apetece no tener obligaciones.

Esta noche me apetece un secreto, un lugar oscuro. Me apetece una sonrisa escondida, una palabra velada.

Esta noche me apetece...

Esta noche me apeteces tú, en pequeñas y secretas dosis. Me apetece un beso de café y un abrazo de azúcar.

Esta noche me apetece un postre de palabras y un dulce de susurros.

Me apetece...*

domingo, 1 de agosto de 2010

El Verano tiene sus personajes *



El mar condiciona y puede que obsesione tanto que no podamos mirar la tarde sin ver las pardelas en el vientre de las olas.

Es lo que pienso después de regresar de la islita La Palma una vez más y estar con muy buenos amigos disfrutando de lo bonito que es vivir.

En la islita este verano me he encontrado con personajes por que otro nombre no tienen,que durante la época estival son más visibles, toman otra actividad y se rigen por los tiempos solunares como el resto de los seres vivos.

Estas personas toman carácter de personajes desde que ya no son del montón, sino que poseen rasgos peculiares que rara vez se pueden repetir en otros individuos, y que poseen el mérito de hacer uso de la parcela de libertad que nos deja este ir y venir que es nuestro estar en el mundo.

Del que les quiero escribir esta noche de caluroso Domingo, es de uno de ellos que vive cerca de la costa, que se alarga en las caminatas veraniegas, viste con una blusa que parece el velamen de una de una goleta y luce unos pantalones de tierra seca.

Sale desde el alba, con la diosa Matuta a la espalda y los ojos puestos en el camino que, a veces, baja y otras tantas desaparece en un badén hecho de pisadas y silencios.

Lleva un gorro de tela como si fuera a cantar rancheras a las puertas de la polvorienta cantina del ron, muy cerca de placita del pueblo.

El palillo de dientes que lleva en la boca recorre los labios con una rapidez meteórica que delatan los años de entrenamiento en este complicado menester; el palillo es un viejo amigo, de una edad complicada de adivinar a través del carbono catorce o de otros medios de datación temporal.

Quien les digo ya no sabe en qué bar se hizo con los servicios de este trocito de madera que navega húmedo y juguetón en las conversaciones; duda si el palillo lo acompaña desde aquella carne con papas que se le atravesó en el bar Entre sin tocar, o si es el eco nebuloso de aquella la sabrosa ropavieja de pulpo que se mandó la otra noche en la fiesta de la patrona.

Hoy lo veo como siempre. De cerca. Pasa a mi lado, saluda con la cabeza porque tiene las manos ocupadas: en una lleva un balde azul tapado con un paño de cocina con floritas y en la otra una caña con cuerno de cabra en la puntera.

Esto es lo mejor que hay, me dice, pa pescar viejas.

Cuando la vieja pica, el cuerno me lo dice mejor que un Gps…

Lo último que me dijo ya no lo oí, aunque algo gracioso tuvo que ser, porque se esfumó riéndose solo hasta que lo perdí de vista detrás del charco grande que apunta hacia la playa de bajamar, donde había un grupo de hombres jalando por la chalana.

Les recomiendo que este Agosto se fijen en nuestra gente, hablen con ellos, les prometo que es de las mejores cosas que les puede pasar en estas vacaciones.

Feliz noche y no pasen mucho calor mis bichitos *

miércoles, 28 de julio de 2010

Para Mi Sobrina *




Lo poco que sé de la vida está en los libros que nunca leo.

Lo poco que sé de la vida está en las líneas que no escribo casi cada noche y creo que tu nunca has leído por mi suerte.

Lo poco que sé de la vida se cuenta tomando algo contigo, se entiende tomando una copa de un buen ron y se olvida tomando dos, o tres, eso si, Dentro de cinco años aún, por que aún eres muy jovén.

Que nadie se me emocione ni albergue falsas esperanzas, porque con lo poco que sé de la vida, a duras penas se llena un corazón, por pequeño que sea. Sí, esto va para ti Sobrina.

Empiezo por lo que sé con toda seguridad.

Sé que te vas a morir una vez.

Así que procura no morirte más veces por el camino.

No hay nada peor que esa gente que se va muriendo antes de morirse del todo.

Para evitarlo, te regalo un método infalible.

Mientras tú vayas decidiendo, todo está bien.

El día que dejes de decidir, ese día, cuidado, porque la habrás palmado un poco.

Ten siempre más proyectos que recuerdos, es la única forma que conozco de mantenerse joven.

Olvídate de la Historía esa de ser feliz, ya te puedes dar con un canto en los dientes si llegas a ser la única dueña de tus propias expectativas.

Que hay que dedicarse a algo de lo que jamás te quieras jubilar.Por mucho que te cueste pagar las facturas. Por mucho que en las reuniones de antiguos amigos cada cinco años en la bajada te miren mal( que no es mi caso ).

Es mejor dedicarse toda una vida a algo que te divierte pese a no llegar a fin de mes, que pasarte un solo día trabajando únicamente por dinero.

Entre lo poco que sé de la vida, también te diré que nada de todo esto vale la pena sin alguien que te haga ser incoherente.

Ni flores, ni velas, ni luz de luna.

Ése es el verdadero romanticismo. Alguien que llegue, te empuje a hacer cosas de las que jamás te creíste capaz y que arrase de un plumazo con tus principios, tus valores, tus yo nunca, tus yo qué va.

Ojalá ames mucho y muy bueno, incluso a riesgo de ser correspondida. Que te despojen de todo, que hagan jirones de tus ganas y que te veas obligada a remendarlas con el hilo de cualquier otra ilusión.

Que desees y seas deseada, que se frustren todas tus esperanzas y que acabes descubriendo que la única forma de recobrar el primer amor, que es el propio, es en brazos ajenos.

Dos emociones inútiles asociadas al pasado, arrepentimiento y culpa, y una emoción inútil asociada al futuro, la preocupación. Cuanto antes te desprendas de las tres, antes empezarás a apreciar lo único que tienes.

Qué más. Ah sí. Sé que al menos una amiga o un amigo te va a traicionar, otro/a será traicionado por ti, y que te pongas como te pongas, los que no hayas hecho antes de los 30, ya jamás pasarán de buenos conocidos.

Cuenta sólo con los tres principales, porque a partir de ahí, todo es mentira.

Para terminar, y hablando del tema, déjame que te presente a tu mejor enemigo. Se llama miedo. Quédate con su cara, porque va a estar jodiéndote de ahora en adelante.

Miedo al fracaso. Miedo al qué dirán. Miedo a perder lo que tienes. Miedo a conseguirlo. Miedo a saber poco de la vida. Miedo a tener razón.

Creo que esto es lo poco que se de la vida por ahora Ana, pero te prometo que te seguire contado cosas para que al menos camines más segura por esta maravillosa vida que nos toco vivir.

Besos y buenas noches sobrina, espero verte pronto *

martes, 27 de julio de 2010

El Drago *





Había una vez dentro de una casa,en el patio interior de ella, un Drago enorme y hermoso que generosamente vivía regalando a todos los que se acercaban el frescor de su sombra,tenía ya más de cincuenta años, el aroma de sus flores y el increíble canto de los pájaros que anidaban entre sus ramas.

El Drago era querido por todos en la casa, pero especialmente cuando en la casa habitaban aún los niños, que se trepaban por el tronco y se balanceaban entre las ramas con su complicidad complaciente.

Para los antiguos aborígenes, este árbol tenía propiedades mágicas.

En la Antigua Roma y en la Edad Media también era considerado un árbol mágico.

Su savia, que se transforma en roja en contacto con el aire ("sangre de drago"), se comercializaba debido a sus propiedades medicinales y a su uso en tintes y barnices. De su madera se hacían rodelas.

El Drago,no es un árbol, es una hierba gigantesca que desafía el tiempo, cuya sangre es roja como la de los hombres y que marca el lugar donde vienen las lluvias.

El Drago árbol-hierba mística y vigilante de las islas, del lugar en medio de los mares que se escapa al control mental, temporal y vacío del mundo de la tecnobarbarie y que se apresta a formar parte de barnices de Stradivarius, de sangres derramadas y de historias de principes y princesas guanches.

Si bien el Drago que vivia en el patio de la casa, amaba a la gente y habia una niña que era su preferida.

Ésta aparecía siempre al atardecer, cuando sus tres hermanos se iban.

- Hola amiguita- decía el Drago, y con gran esfuerzo bajaba sus ramas al suelo para ayudar a la niña a trepar, permitiéndole además cortar algunos de sus brotes verdes para hacerse una corona de hojas aunque el desgarro le doliera un poco y soltara su sangre roja.

La chica se balanceaba con ganas y le contaba al Drago las cosas que le pasaban en la casa.

Casi de un dia para otro,la niña se volvió adolescente y dejó de visitar al Drago.

Paso el tiempo y de repente una tarde el Drago la vio llegar a la casa de nuevo y la llamo con entusiasmo:

- Amiga… amiga… Ven, acercate… Cuánto hace que no vienes… Trepa y charlemos.

- No tengo tiempo para esas estupideces- dijo el muchacha.

- Pero… disfrutábamos tanto juntos cuando eras pequeña…

- Antes no sabía que se necesitaba dinero para vivir, ahora busco dinero.

¿Tienes dinero para darme?

El Drago se entristeció un poco, pero se repuso enseguida.

- No tengo dinero, pero tengo mis ramas llenas de semillas. Podrias subir y llevarte algunas, venderlas y obtener el dinero que quieres con los nuevos Dragitos...

- Buena idea- dijo la muchacha, y subió por la rama que el Drago le tendió para que trepara como cuando era chinija.

Luego arrancó todos las semillas del Drago, incluidos los que todavía no estaban para recojer.

Llenó con ellos unas bolsas y se fue al invernadero.

El Drago se sorprendió de que su amiga no le dijera ni gracias, pero dedujo que tendría urgencia por llegar antes de que cerraran los compradores.

Pasaron casi diez años hasta que el árbol vio otra vez a su amiga.

Era un adulta ahora.

- Qué grande estás- le dijo emocionado-; ven, sube como cuando eras chinija, cuentame de ti.

- No entiendes nada, como para trepar estoy yo… Lo que necesito es una casa.

¿Podrías acaso darme una?

El Drago pensó unos minutos.

- No, pero mis ramas son fuertes y elásticas.

Podrías hacer una casa muy resistente con ellas.

La joven salió con la cara iluminada.

Una hora más tarde llegó con una sierra y empezó a cortar ramas, tanto secas como verdes.

El Drago sintió el dolor, pero no se quejó.

No quería que su amiga se sintiera culpable.

Una por una, todas las ramas cayeron dejando el tronco pelado.

El Drago guardó silencio hasta que terminó la poda y después vio a la joven alejarse esperando inútilmente una mirada o gesto de gratitud que nunca sucedió.

Con el tronco desnudo, el Drago se fue secando.

Era demasiado viejo para hacer crecer nuevamente ramas y hojas que lo alimentaran.

Quizás por eso, cuando diez años después la vio venir, solamente dijo:

- Hola. ¿Qué necesitás esta vez?

- Quiero viajar. Pero ¿qué puedes tu hacer? No tienes ramas ni semillas para vender.

- Qué importa, hija –dijo el Drago-, puedes cortar mí tronco, total yo no lo uso. Con él podrás construir una canoa para recorrer el mundo.

- Buena idea- dijo la mujer.

Horas después volvió con un hacha y taló el Drago. Hizo su canoa y se fue.

Del viejo Drago quedo sólo el pequeño tronco a ras del suelo.

Dicen que el árbol aún espera el regreso de su amiga para que le cuente de su viaje.

Nunca se dio cuenta de que ya no volveria.

La niña ha crecido, pero tristemente se ha vuelto una mujer de esas que nunca vuelven a donde no hay nada para tomar.

El Drago espera, vacío, aunque sabe que no tiene nada más para dar.

Hoy llego un nuevo Drago a mi casa, y les aseguro que le va a pasar todo lo contrario que que al Otro Drago.

Lo cuidaré como unos de los mejores regalos que he tenido en mi vida.

Se pongan como se pongan los pequeños seres humanos, podemos hacer muchísimo y les recuerdo que la hierba crece de noche y quizas esta noche esta creciendo un Nuevo Drago en mi vida, quien sabe.

Buenas noches bichitos que descansen *

lunes, 26 de julio de 2010

El Tranvía del Paraíso *


Él trabajó durante toda su vida en una Ferretería en el Barrio del Toscal.

A las siete y media de la mañana llegaba a la parada del tranvía y tomaba el primero, que no tardaba más de diez minutos en pasar.

Ella trabajó también durante toda su vida en una tienda de medias. Solía coger el tranvía tres paradas después de la de él y se bajaba una antes. Debían salir a horas diferentes, pues por las tardes nunca coincidían.

Jamás se hablaron. Si había asientos libres, se sentaban de manera que cada uno pudiera ver al otro. Cuando el tranvía iba lleno, se ponían en la parte de atrás, contemplando la calle y sintiendo cada uno de ellos la cercana presencia del otro.

Cogían las vacaciones el mismo mes, agosto, de manera que los primeros días de septiembre se miraban con más intensidad que el resto del año. Él solía regresar más moreno que ella, que tenía la piel muy blanca y seguramente algo delicada. Ninguno de ellos llegó a saber jamás cómo era la vida del otro: si estaba casado, si tenía hijos, si era feliz.

A lo largo de todos aquellos años se fueron lanzando mensajes no verbales sobre los que se podía especular ampliamente. Ella, por ejemplo, cogió la costumbre de llevar en el bolso una novela que a veces leía o fingía leer.

A él le pareció eso un síntoma de sensibilidad al que respondió comprándose todos los días el periódico. Lo llevaba abierto por las páginas de internacional, como para sugerir que era un hombre informado y preocupado por los problemas del mundo.

Si alguna vez, por la razón que fuera, ella faltaba a esa cita no acordada, él perdía el interés por todo y abandonaba el periódico en un asiento del tranvía sin haberlo leído.

Así, durante una temporada en que ella estuvo enferma, él adelgazó varios kilos y descuidó su aseo personal hasta que le llamaron la atención en la ferretería: alguien que trabajaba con el público tenía la obligación de afeitar-se a diario.

Cuando al fin regresó, los dos parecían unos resucitados: ella, porque había sido operada a vida o muerte de una perforación intestinal de la que no se había quejado para no faltar a la cita; él, porque había enfermado de amor y melancolía.

Pero, a los pocos días de volver a verse, ambos ganaron peso y comenzaron a asearse para el otro con el cuidado de antes.

Por aquellas fechas, él ascendió a encargado de la ferretería y se compró una agenda.

Entonces, se sentaba tan cerca como podía de ella, la abría, y con un bolígrafo hacía complicadas anotaciones que sugerían muchos compromisos. Además, comenzó a llevar corbata, lo que obligó a ella, que siempre había ido muy arreglada, a cuidar más los complementos de sus vestidos.

En aquella época ya no eran jóvenes, pero ella comenzó a ponerse unas argollas canarias algo llamativos que a él le volvían loco de deseo.

La pasión, en lugar de disminuir con los años, crecía alimentada por el silencio y la falta de datos que cada uno tenía sobre el otro.

Pasaron otoños, primaveras, inviernos. A veces llovía y el viento aplastaba las gotas de lluvia contra los cristales del tranvía, difuminando el paisaje urbano.

Entonces, él imaginaba que el tranvía era la casa de los dos. Había hecho unas divisiones imaginarias para colocar la cocina, el dormitorio de ellos, el cuarto de baño.

E imaginaba una vida feliz: ellos vivían en el tranvía, que no paraba de dar vueltas alrededor de la ciudad, y la lluvia o la niebla los protegía de las miradas de los de afuera. No había navidades, ni veranos, ni semanas santas. Todo el tiempo llovía y ellos viajaban solos, eternamente, sin hablarse, sin saber nada de si mismos. Abrazados.

Así fueron haciéndose mayores, envejeciendo sin dejar de mirarse. Y cuanto más mayores eran, más se amaban; y cuanto más se amaban más dificultades tenían para acercarse el uno al otro.

Y un día a él le dijeron que tenía que jubilarse y no lo entendió, pero de todas formas le hicieron los papeles y le rogaron que no volviera por la ferretería.

Durante algún tiempo, siguió tomando el tranvía a la hora de siempre, hasta que llegó al punto de no poder justificar frente a su mujer esas raras salidas.

De todos modos, a los pocos meses también ella se jubiló y el tranvía dejó de ser su casa.

Ambos fueron languideciéndose por separado.

El murió a los tres años de jubilarse y ella murió unos meses después.

Casualmente fueron enterrados juntos en el cementerio de Igueste de San Andres,mirando al mar, donde seguramente cada uno siente la cercanía del otro y sueñan que el paraíso es un tranvía sin paradas.

Hasta mañana a las siete y media.

Buenas noches y feliz semana, última de Juilo del 2010 bichitos *

domingo, 25 de julio de 2010

Una Tarde de Domingo entre Neuronas *


Dicen que despues del quinto mes de nuestra vida,todas las neuronas están ya en
el lugar en que habrán de estar toda la vida. Y han hecho este fantástico viaje, desde el cerebro, el cerebro primordial eindiferenciado. Durante el tiempo de esta migración, se diferencian más y más... algunas de estas neuronas realizan
ciertas funciones concretas, y otras realizan funciones diferentes, algunas se ocupan de la vista, otras del movimiento, o lo que sea.

Si lo pensamos bien, es un milagro, como todo esto puede estar programado de manera tan sofisticada, es como imaginar que me encuentro en una ciudad de diez millones de personas, sin direcciones, sin conocer nada del lugar, y tengo que hallar, pongamos, un sillón, el único sillón que me va bien a mi personalmente. ¿Qué puedo hacer para encontrar este sillón?

En esta ciudad de la que escribo cuentan las neuronas, con expertos que pueden guiarlas. Y hay células que están ahí precisamente para guiar a la neurona en su trayecto hasta las capas superficiales. Y estas células son expertas. Desde la parte inferior, al cuarto mes de gestación empiezan a emigrar hacia las capas superiores guiadas por estas células guiadoras.

Es algo así como si de pronto toda la población de La Palma emigrara en bloque hacia Lanzarote y cada uno tuviera que saber exactamente en qué parte de Lanzarote va a aterrizar y qué funciones va a realizar. Y todo eso gracias a unos guías muy discretos y una vez cumplida su misión desaparecen.

Podemos decir por todo lo que he leído de ello, que si tengo tres años y no me han enseñado francés o alemán, mis conexiones que hubieran guardado la capacidad de acumular los conocimientos de francés o alemán desaparecerán, y más tarde será mucho más difícil aprenderlos.

Existen muchos científicos e intérpretes que aprendieron los idiomas al principio de la niñez,cuanto antes se aprende, mejor.

cuanto más viejo es el ser Humano, más se cierran las ventanas. No cabe la menor duda. A los sesenta no es posible aprender un idioma extranjero de forma tan fácil como a los 6 o 7, pero lo que es interesante es que todavía es posible.

¿Hay algún misterio tan grande, tan increíble como este, en el mundo?

Pero por otro lado,en la vida nos condenan muchas veces al mal de Diógenes. A lo largo de los años nos han obligado a acumular conocimientos, recuerdos y objetos que no nos han servido absolutamente para nada.

Ni hemos encontrado emoción, ni nos han compensado los esfuerzos de concentración o aprendizaje.

Es normal que habiendo gastado tantas neuronas innecesariamente acabemos luego desorientados y sin saber por dónde diablos se encuentra la puerta de salida.

No sé si el cerebro será o no será rencoroso, pero que pasa factura y cobra lo que le haces es algo que creo que nadie puede negar.

De lo que lo vayamos alimentando dependen nuestros equilibrios y lo mucho o poco que sepamos sobrellevar eso que los tremendistas denominan los embates de la vida.

Pero vamos a hablar claro de una vez.

A quién le pedimos cuentas por las neuronas desperdiciadas en adquirir conocimientos que luego no nos han servido para nada. Las raíces cuadradas, por ejemplo.

Quitando a los matemáticos y a los ingenieros, alguien me puede decir para qué le ha servido una raíz cuadrada en su vida cotidiana.

Si al menos sirviera para soportar un desamor o para estirar la nómina y llegar a fin de mes, a lo mejor perdonábamos a los que se empeñaron durante semanas en martirizarnos con aquellos bailes de números que ahora resuelve en un plis plas la calculadora de cualquier teléfono móvil.

Unos dirán que lo hacían para desarrollar nuestro intelecto, pero qué intelecto.

Ese es el problema: en lugar de llevarnos a jugar un partido de fútbol en cualquier playa de Nuestras Islas y que esta tarde echo mucho de menos, nos torturaban con fórmulas matemáticas; y ahora, al paso de los años, los cerebritos que están al frente de todos los cotarros como algún periodico o empresa, no saben ponerle imaginación o espiritualidad a la vida.

Y tampoco se atreven a contarnos que no les valen para nada las fórmulas, entre otras cosas porque ellos saben que cuando entra en juego el azar se acaba el formulismo y empieza la aventura, con toda la bendita anarquía que eso conlleva y al final tendran que que quedarse por mucho que quieran con su vida.

Pero sigamos poniendo las cartas boca arriba. Cuántos de ustedes recuerdan cómo se resolvía una raíz cuadrada ?

No, no vale volver al cuaderno escolar, ni meterte en Internet, ni tampoco preguntarle rápido al chiquillo que está en la habitación peleándose con las mismas fórmulas que también nos robaban a nosotros tantos y tantos días de la bendita infancia.

Reconoce que no te acuerdas, y que además no te han servido para nada en todos estos años.

Ni la raíz cuadrada ni la trigonometría. La vida es otra cosa que no tiene nada que ver con las matemáticas.

Pero cuando lo empiezas a ver claro ya no te quedan neuronas para resolver el entuerto.

Cuida de tus Neuronas intenta utilizarlas para ser siempre, muy feliz.

Que pases una buena tarde de Domingo, hasta más ver bicho *