La Música de Sergio

domingo, 4 de julio de 2010

Dos Locos por la Marina Deportiva*



Noche de las que uno repetiría una y otra vez.. y se despidió de ella con el corazón desbocado, descontrolado y con una sonrisa llena de luz en el día de su cumpleaños.

Estaba inundado de sentimientos que como una enorme flota de barcos en la nueva marina de puerto calero de Santa Cruz De La Palma, después de una bonita regata, dominaban todo el océano de los sueños y más que navegar tocaban el cielo a través de la punta de sus dedos, cerrando los ojos casi podían volar.

Podía sentir sus manos, podía creerse rodeado por sus brazos y al respirar, todo olía a ella.

Debía acostarse y dormir, temprano llegaba el Domingo, y con el, él nuevo día, que esperan muchos Palmeros para bajar su Trono de plata, pero no podía conciliar el sueño porque otros sueños mantenían su mente y corazón en carne viva, latiendo descontroladamente, imaginando y soñando en palabras que decir, en miradas imaginadas, en besos que atraviesan los labios y llegan hasta lo más profundo del corazón.

Y soñaba que corrían por la playa de bajamar juntos, ella ya no luchaba por ser feliz porque ya era feliz, había encontrado su sitio y esta isla y él, era ese lugar. En su sueño él la perseguía corriendo sobre la arena negra, cerca de la Casa del ilustre Palmero conocido en el mundo entero por sus preciosos zapatos, Manolo Blahnik, mientras ella reía y se dejaba atrapar con dulzura solo por sentir el abrazo de un amor tan soñado y esta noche junto al mar tan cercano, tan profundo, tan infantil y a la vez tan sereno, como el que caía desde el cielo toda la noche, tan inmenso, tan humano.

A su lado él se sentía como la bestia que conquistaba el corazón de la bella pero no podía tener miedo porque ella se había enamorado de su alma y qué mayor tesoro puede tener un ser humano sino la pureza de su corazón. Sabía que se habían encontrado dos almas gemelas, o al menos eso sentía.

Y en su sueño no dejaban de mirarse a los ojos, sentía cómo podían dominar su voluntad y por primera vez en tantos años, se dejaba llevar a la deriva del azul de una mirada, del mar de sus pupilas, queriendo embarrancar para siempre en la playa de sus sueños.

Deseaba gritar que la quería con todo el alma pero cuanto más contenía su grito más emoción se alojaba en sus entrañas.

El tiempo no tenía medida entre ellos, la distancia era un puente firme que más que alejarlos los unía a través del corazón, los miedos a la vida eran simples papeleras en el camino donde los dos, juntos, cogidos de sus manos, iban arrojando poco a poco los papeles viejos y ajados de los malos recuerdos, de las pesadillas del pasado, el camino cada vez era más claro, más limpio, más hermoso.

Y cuando se miraban la vida adquiría color, porque desde siempre supieron que la vida sin color es menos vida y el amor no se finge, se siente o no existe y aparece como dos estrellas que se encuentran en la misma órbita, chocando sin control y explotando en la fusión más grandiosa y luminosa del universo.

Se miran, hablan, ríen y lloran juntos, se dejan llevar por los sonidos del silencio dejando hablar a sus corazones, su locura es la razón de sus vidas y mientras caminan de la mano, junto al malecón de la ciudad, se dejan acariciar por la brisa mutua de sus sentimientos y del mar.

Son dos locos que tocan el cielo porque no tienen miedo a volar, son dos almas gemelas que comienzan a caminar juntos a través de la eternidad, en una noche de Sábado en Santa Cruz de La Palma, a la espera de un maravilloso Domingo de Bajada de las Lustrales de la Ciudad.

Buenas noches bichitos, o buenos días ya *

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